
Los días 25 y 26 de noviembre pasados se celebraron en la villa de Barcarrota unas "Jornadas sobre Historia y Novela Histórica" bajo la dirección de Fernando Serrano Mangas, profesor de Historia de la UEx.
Participaron en ellas, entre otros, dos buenos escritores portugueses, ambos con una larga trayectoria y gran éxito editorial: Sérgio Luís de Carvalho (http://www.sergioluisdecarvalho.com/) y Pedro Almeida Vieira (http://pedroalmeidavieira.com/).
También participaron novelistas extremeños (Juan Luis Gil Soto y Jesús Sánchez Adalid), historiadores y profesores (Joaquín Álvaro Rubio, Alfonso Gil Soto, Fernando Serrano y Juan M. Carrasco).
El motivo que justificaba la celebración de estas jornadas era la presentación de la novela que Sérgio Luís de Carvalho ha publicado recientemente sobre la historia de la biblioteca del siglo XVI encontrada en Barcarrota, bien conocida ya por todos: O Segredo de Barcarrota.
Mucho se habló en estas Jornadas sobre las relaciones entre la investigación histórica y la novela histórica. De lo que caracteriza la novela histórica dentro del género narrativo, asunto más complicado de lo que parece, también se dijeron cosas muy interesantes. De entre ellas, una me llamó la atención sobre todas las demás: lo que une de forma tan estrecha al escritor de novela histórica y a los lectores de este tipo de novelas no es tanto la literatura (sin desdeñarla) como la veneración que sienten por la historia. Por eso resulta inútil pretender una aproximación crítica a este género desde parámetros exclusivamente literarios. La veracidad de los hechos narrados, el rigor de los datos y la transmisión del espíritu de una época son irrenunciables para el género. Una novela que prescinda de estos elementos, aunque esté ambientada en el pasado, deja de ser novela histórica para convertirse en una novela, sin más.
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